Resumen:
El presente trabajo argumenta que tanto memoria como
olvido, lejos del individualismo que ha caracterizado su
concepción durante el siglo XX, se inscriben en la
arena social y que son polos opuestos de un mismo
proceso; esto es, que son producciones colectivas, es
decir, sociales. Asimismo, la memoria colectiva cuenta
con sus propios recursos como los marcos sociales, y
los artefactos, en los cuales se edifica, y el lenguaje y
la comunicación con los cuales se mantiene. Por su
parte, el olvido social se sostiene con otros procederes
como el silencio, la imposición y la censura, y producen
vacíos y novedades, con los cuales caracterizan a la
sociedad. La disputa, en este caso, se presenta entre la
memoria y el olvido; y ahí donde una avanza el otro
retrocede y viceversa. Las sociedades se edifican
sobre la base de estas polémicas.


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